viernes, diciembre 20, 2013

Mi vida

Mi vida se ha vuelto muy tranquila. Estoy sola con Aretha la mayor parte del día y duermo mucho hasta que Aretha me empieza a molestar. 

Cuando me despierto me acuesto en un espacio donde puedo tomar el sol un rato, ha hecho frio en estos días.

Cuando nadie me ve me subo al sillón y a veces me acuesto sobre algo que prende una ventana que ven mis humanos. Me hace sentir bien y acompañada.

Mi humano me deja salir en la noche a caminar. Donde vivo ahora hay árboles y pasto así que puedo olisquear todo lo que quiero y dejarles mensajes a otros perros. Las mascotas de mi colonia son generalmente amables y a veces juego con un perro muy grande, aunque hace tiempo que no lo veo. Espero que esté bien.

Desde hace mucho tiempo que como a diario las croquetas que me gustan y se empieza a notar pues me dicen que estoy más gordita. Sé que debo caminar más, ¡pero es que es tan placentero estar acostada en mi cama nueva!

El cachorro de mi humano crece y crece y es bueno conmigo. Me acaricia y me rasca la cabeza, a veces le doy besos y ríe mucho. Hasta mi humana se ha vuelto más amable.

Tengo una buena vida.

martes, julio 16, 2013

¿Qué creen? ¡Sigo aquí!

Pronto escribiré mas. Mientras tanto, les comparto que cumplí 12 años y me dieron de cenar lo que mas me gusta.

También dormí en la cama con mi humano con la barriga llena. ¡Soy la perra mas feliz del mundo!


lunes, octubre 10, 2011

El mejor amigo del hombre, hasta el final.


Kevin con su perrita, en su lecho de muerte.


Un indigente con un cáncer terminal pidió como último deseo poder ver por última vez a su perra, que había sido adoptada por otra familia. En el hospital se lo permitieron y pudo reencontrarse con la mascota antes de morir.

Kevin, un indigente de 54 años, compartió sus últimos años de vida con Yurtie, una perrita que le hizo compañía y satisfizo sus necesidades emocionales, en el estado de Iowa, en Estados Unidos. Tras serle diagnosticado un cáncer de pulmón en fase terminal perdió el contacto con Yurtie porque, por norma general, los animales no pueden entrar en los centros sanitarios.

Los largos periodos que estuvo en el hospital le impidieron cuidar de su fiel amiga, motivo por el cual fue dada en adopción a una familia que le ofrecía más estabilidad.

Su último ingreso hospitalario se produjo tras acudir a urgencias en ambulancia porque sus síntomas empeoraron. Durante el trayecto le comunicó a Jan Erceg, el paramédico que le atendió, que tuvo una perra y quería verla por última vez.

Tras decirle su nombre y describirla físicamente, Erceg recordó que en el refugio de animales donde trabajó como voluntario había una perra de esas características. Indagó y descubrió que, efectivamente, se trataba de Yurtie.

Hizo todo lo posible para que Kevin pudiera reunirse de nuevo con Yurtie y así fue. El hospital permitió el reencuentro y, según el propio Erceg, la perrita reconoció a Kevin desde el primer momento y mostró muchísima alegría cuando le vio. Kevin vivió el momento con intensa emoción y disfrutó de su compañía hasta que cerró los ojos para siempre.

Nunca estuvo solo. Vivió en la calle, aparentemente desamparado, pero Yurtie le ofreció la posibilidad de experimentar lo más importante para conformar la felicidad de cualquier ser humano: amar y ser amado.